Un minúsculo coágulo de sangre es capaz de desencadenar una tragedia en el cerebro. Una mitad del cuerpo siente que se le va la fuerza; los ojos solo son capaces de ver una parte de lo que tienen delante o ven doble; hablar o entender lo que el otro dice se convierte en algo imposible, frustrante; el cuerpo pierde el equilibrio, se descoordina y tiene dificultad para poner en orden acciones que antes eran automáticas, como hacer la cama. Son algunas de las secuelas del ictus, que se produce en la gran mayoría de los casos cuando una obstrucción en las arterias impide que la sangre fluya en el cerebro.

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