¿Cómo cuidar a personas que han sufrido un Ictus?

Autoras:Berenguer-Poblet Marta, Lorca-Cabrera Jael

Cuidar a una persona que ha sufrido un ictus no es fácil. La persona afectada por una enfermedad vascular cerebral posiblemente padecerá dificultades del movimiento, alteraciones de la visión y/o alteraciones del habla… y por tanto sufre una discapacidad. Esto representa un cambio importante en las vidas de las personas que han sufrido un ictus y de sus familias. En ocasiones, junto con las dificultades motoras, se producen alteraciones del carácter y la convivencia se hace difícil, contribuyendo a incrementar el estrés ambiental que ya de por sí genera la propia enfermedad. Lo más importante para cualquier familiar de una persona con ictus es conseguir ayudar a la persona afectada a adaptarse a la nueva situación y para esto debe tener claro que la forma de superar el ictus es aprender a convivir con ello (trastornos emocionales, alteraciones motoras y sensitivas). Tendremos que encontrar la manera de funcionar minimizando las discapacidades y para ello, si es necesario, pediremos ayuda a profesionales sanitarios, a cuidadores profesionales y asociaciones. El ictus es la interrupción súbita del flujo de sangre que va al cerebro. Se produce cuando un vaso sanguíneo cerebral queda bloqueado por un trombo (ictus isquémico) o cuando un vaso sanguíneo cerebral se rompe y provoca una hemorragia (ictus hemorrágico). El ictus puede volver a repetirse y para ello usted debe conocer los síntomas más característicos del inicio de la enfermedad. Algunos de los signos y síntomas del ictus son: adormecimiento de cara, brazos o piernas, incapacidad repentina de hablar, pérdida del equilibrio, dificultat para caminar o problemas visuales en un ojo o ambos. Existen varias escalas de valoración rápida de los síntomas del ictus (RACE, RAPID). Si nota alguno de los síntomas descritos en estas escalas, debe ir rápidamente al hospital. Recuerde,  EL TIEMPO ES CEREBRO  

Como prevenir nuevos episodios

Una vez en casa, es importante seguir el tratamiento de rehabilitación para poder recuperar las habilidades perdidas  a nivel motor (volver a caminar, vestirse, escribir,…), a nivel sensitivo (sensación del tacto, controlar cambios de temperatura,…), para poder mejorar la visión,  para recuperar las alteraciones del habla (dificultad para vocalizar-disartria, no poder hablar-afasia), superar las dificultades para tragar líquidos y sólidos (disfagia),  reeducar los esfínteres y gestionar los trastornos emocionales (tristeza, ansiedad, irritabilidad,…).


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