Autor: Garrido-Albejar Margarita

"El envejecimiento de la población es, ante todo y sobre todo, una historia del éxito de las políticas de salud pública, así como del desarrollo social y económico…"

Dra. Gro Harlem. Directora de la OMS 1999

 

El aumento de la longevidad constituye uno de los mayores logros de la historia de las sociedades avanzadas, pero este logro lleva implícito importantes desafíos. Impone la necesidad de preguntarse por la calidad de esos años añadidos a la vida; retrasar la muerte y añadir años a la vida no significa necesariamente una prolongación de la vida en buen estado de salud.

La enfermedad y la discapacidad con frecuencia acompañan al envejecimiento aunque no son consecuencias inevitables del mismo, pero el riesgo de empezar a sufrirlas aumenta considerablemente con la edad. Las encuestas de opinión reflejan que probablemente la pérdida de salud es la principal preocupación de las personas mayores, y lo es por sus consecuencias en términos de discapacidad y pérdida de autonomía. Por esa razón, el principal objetivo de los cuidados de salud de los mayores es favorecer el aumento en la esperanza de vida activa o libre de discapacidad. Desde esta perspectiva, una buena condición y funcionalidad física, un alto funcionamiento cognitivo y una adecuada interacción social, pasan a ser predictores de un envejecimiento exitoso (Figura 1).

Envejecimiento exitoso

Figura 1. Factores que favorecen un envejecimiento exitoso

QUÉ SE ENTIENDE POR FRAGILIDAD

En los últimos 30 años, el concepto de fragilidad va ocupando un lugar destacado en la investigación y práctica clínica geriátrica. En principio se utilizó para describir a una población de personas, generalmente mayores de 80 años que, debido a la acumulación de problemas de salud, necesita o está en riesgo de necesitar ayuda para las actividades de la vida diaria. Desde esta perspectiva “un mayor frágil” evoca una imagen de anciano de elevado riesgo, delicado, que tiene tendencia al deterioro de su salud y que necesita de cuidados especiales.

Actualmente se pretende definir mejor la fragilidad y se entiende que un mayor frágil, es una persona que está en un equilibrio inestable por presentar un deterioro de la salud en la dimensión física, funcional, psicológica o social, que le hace más vulnerable a presentar efectos adversos de salud, en especial discapacidad. Por esa razón, los esfuerzos para identificar a los pacientes frágiles y prefrágiles tienen sentido en tanto que la fragilidad se considera un buen predictor de mortalidad, hospitalización, peor calidad de vida y discapacidad.

La fragilidad puede ser consecuencia de la presencia de enfermedades agudas como un accidente cerebro vascular o de problemas crónicos como la artritis reumatoide. Pero no todos los mayores frágiles lo son por enfermedad, hay otros factores de riesgo que tienen un papel esencial y que se asocian como se observa en la figura 2 con envejecimiento biológico, estilo de vida sedentario, inmovilidad o reposo en cama prolongado, falta de recursos, problemas con la nutrición, etc.

Factores de riesgo relacionados con fragilidad

Figura 2. Factores de riesgo relacionados con fragilidad

¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS QUE DEFINEN A UN MAYOR FRÁGIL?

DSCN5131La condición física (movilidad, fuerza…) es fundamental para entender la fragilidad como un síndrome biológico, pero se reconoce el importante papel de los factores cognitivos, afectivos y sociales que están en la base del funcionamiento integral de las personas. En esta línea y siguiendo los criterios de Linda Fried, se considera que una persona mayor es frágil si presenta una respuesta positiva a 3 de las siguientes características físicas: pérdida de peso no intencional, falta de fuerza, lentitud en la marcha, escasa actividad física y falta de energía.

Pérdida de peso no intencional

Algunas personas mayores por diversos motivos (acceso y preparación de los alimentos, problemas de masticación,…) pueden presentar un desequilibrio nutricional por ingesta inferior a las necesidades, lo que conlleva una pérdida de peso y una disminución de la masa corporal que se consideran indicadores de fragilidad. Es característico del mayor frágil el encogimiento y un cierto encorvamiento de la columna vertebral.

Falta de fuerza

Este indicador de fragilidad se puede observar por la dificultad para levantarse de una silla sin ayuda de los brazos o la falta de fuerza para sujetar o manipular objetos que otros mayores no frágiles harían con facilidad.

Lentitud en la marcha

Los problemas asociados a enfermedades reumáticas como la artrosis o artritis son frecuentes en mayores, especialmente en mujeres. Estos problemas cursan con dolor en la movilidad y si afectan a los miembros inferiores pueden dar lugar a inestabilidad, marcha lenta arrastrando los pies y aumentar el riesgo de caídas.

Escasa actividad física

Para mantener la movilidad y el tono muscular es necesario realizar una cierta actividad física adaptada a la edad y situación porque la inactividad favorece la atrofia muscular. Si además los mayores presentan problemas cardiacos o respiratorios las dificultades en la movilidad pueden agravarse disminuyendo la tolerancia al esfuerzo, pero los mayores no siempre presentan enfermedades que afectan a la actividad física y por diferentes razones su estilo de vida es sedentario o está constreñido a un espacio reducido (cama-sillón, habitación,…).

Falta de energía

Con frecuencia los profesionales de la salud y los familiares de los pacientes mayores, perciben erróneamente que una conducta apática o un estado de ánimo bajo son aspectos que acompañan a las personas mayores. El tono vital bajo, favorece la inactividad y disminuye la interacción con el entorno familiar y social por lo que puede contribuir a la fragilidad.

Otros indicadores que acompañan y agravan la fragilidad

La fragilidad física puede verse favorecida o agravada por la presencia de problemas en dominios psicosociales tales como: deterioro de la memoria, tristeza o falta de esperanza y aislamiento social.

Deterioro de la memoria

Las enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer, son consideradas una epidemia silenciosa que afecta sobremanera a la población geriátrica y son una causa importante de fragilidad y discapacidad. Se caracterizan por una sintomatología de inicio insidioso con pequeños olvidos, dificultades en la atención y curso progresivo que refleja la afectación del sistema nervioso y produce un deterioro cognitivo y funcional que disminuye la calidad de vida y sobrecarga al cuidador.

El incremento de demencias y Alzhéimer comprometerá una buena parte de los cuidados socio-sanitarios; éstos son los problemas que crean mayor presión emocional y física sobre los cuidadores, además de un coste sanitario considerable; precisamente en las residencias de mayores, un 60% de los residentes sufren algún tipo de demencia.

Tristeza o falta de esperanza

La depresión afecta a un 20,9% en las personas de más de 65 años. Al sentimiento o experiencia de fragilidad le acompaña una crisis de crisis de identidad que conlleva problemas psicológicos como tristeza y depresión que, a menudo, aumenta la carga de los cuidadores, complica aún más la vida de los mayores frágiles, empeora su calidad de vida y contribuye a que éstos tengan peores resultados de salud. Las expresiones de sentimientos de abandono, de alejamiento de la red social, de pérdida de autonomía e intimidad o de cambios significativos en el estilo de vida; son síntomas que pueden indicar una depresión.

Asimilamiento social

Con la edad, suelen aumentar las pérdidas de salud y también de personas queridas: compañeros, familiares y amigos que hacen que se reduzcan las actividades sociales y aumenten los problemas afectivos y los sentimientos de soledad. Aunque la soledad es algo que puede darse en todas las edades, los estudios indican que se manifiesta con mayor frecuencia a medida que la gente es más mayor.

Gran parte de las personas que residen solas, han vivido pérdidas y han pasado por sentimientos de duelo. Adaptarse a la nueva situación emocional y a veces residencial no es fácil y puede tener graves consecuencias en la salud. Los mayores, como todas las personas, pueden padecer procesos agudos como una gripe que se convierte en un problema muy grave si la persona vive sola y no dispone de recursos de ayuda, el afrontamiento de los problemas de salud depende de los recursos personales, familiares y sociales de los que disponga la persona. La percepción de apoyo social es importante y su ausencia es un indicador de fragilidad.

¿CÓMO SE PUEDE AYUDAR A MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA DE LOS MAYORES FRÁGILES?

Mayor frágilLas personas mayores frágiles pueden tener alguna dificultad para realizar algunas de las actividades instrumentales o básicas de la vida diaria y en consecuencia pueden ser dependientes y precisar de ayuda de terceras personas.

La mayor parte de los cuidados de estas personas son asumidos por las familias, generalmente por un cuidador principal, que suele ser mujer, al que el hecho de cuidar puede repercutirle en su salud física y emocional y ocasionar lo que se denomina cansancio del rol cuidador.

La fragilidad es un indicador de discapacidad y de peor percepción de calidad de vida, por esa razón es importante prevenirla o retrasar su progreso; al ser un estado dinámico, con los cuidados apropiados en numerosas ocasiones se puede ayudar a mejorarla.

Las intervenciones principales se orientan en un doble sentido, por un lado las dirigidas a mejorar la condición física y por el otro a mejorar su salud mental.

 

INTERVENCIONES PARA MEJORAR LA SALUD FÍSICA

Aportes nutricionales adecuados

Fomentar una ingesta nutricional adecuada para mantener las necesidades metabólicas, prestando especial atención a la ingesta de proteínas para evitar o paliar la pérdida de masa muscular.

Fomentar en lo posible la actividad física

Favorecer la movilidad es fundamental para mantener el tono muscular y evitar atrofias. Los ejercicios pueden ser pasivos o activos y en cualquier caso deben estar adaptados a la situación de los mayores.

Intervenciones para mejorar la salud mental

Mantener una buena actitud y salud mental a pesar de los problemas y las adversidades puede ser de gran ayuda para superar las limitaciones y pérdidas asociadas al envejecimiento.

Mantener un buen nivel de estímulos cognoscitivos

La preocupación por no poder valerse por sí mismo tiene que ver con la condición física y mental, por lo que es esencial mantener a los mayores activados y autónomos en todas las actividades posibles. Los ejercicios para mejorar o mantener la orientación, atención y memoria son una herramienta muy útil que ayuda a los mayores a mantener la capacidad cognitiva. Una actitud positiva de los cuidadores, alabando los pequeños logros, es esencial para evitar el desánimo.

Prevenir o paliar los deterioros sensoriales

Los deterioros sensoriales en la vista o en el oído son también frecuentes entre los mayores y pueden dificultar su interacción con el entorno familiar y social, por esa razón es necesario preocuparse porque se realicen las revisiones de la visión y audición para prevenir o solucionar problemas.

Favorecer la percepción de apoyo social

Los mayores, especialmente los frágiles, necesitan sentirse apoyados por su entorno familiar y social para evitar caer en sentimientos de desánimo.

  

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
  • Bergman H, Ferrucci L, Guralnik J, Hogan DB, Hummel S, Karunananthan S, Wolfson C. Frailty: An Emerging Research and Clinical Paradigm—Issues and Controversies. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2007; 62(7): 731–7.
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  • Garrido-Abejar M, Serrano-Parra MªD, Bartolomé-Gutiérrez R, Martínez Vizcaino V. Diferencias en la expresión del síndrome de fragilidad en hombres y mujeres mayores institucionalizados sin deterioro cognitivo severo. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2012;47(6):247–253.
  •  IMSERSO. Libro Blanco Envejecimiento activo. Madrid: IMSERSO; 2011.

 

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