Autoras: Ferré-Grau Carme, Boqué Cavallé Montserrat.

Entre el cuidador principal y la persona dependiente se establece una relación que se caracteriza por intercambios, conexión emocional, vínculo familiar especial y sentimientos positivos y negativos. Las relaciones cuidador-persona dependiente son dinámicas y dependen de las emociones de las dos personas que traspasan de un nivel interpersonal a un nivel intrapersonal. Las cuidadoras “sienten” las necesidades, deseos y intereses de las personas que cuidan y quieren ayudarles, aumentando su bienestar. En este contexto, el binomio cuidador-persona dependiente es complicado y no son extraños casos de dificultades relacionales antes o después de la dependencia. Debido a este hecho puede haber resentimiento con la persona a la que hay que prestar cuidado. Dar afecto requiere esfuerzo. El afecto entre cuidador y persona cuidada se sitúa en un escenario de interacciones complejas donde circula una mezcla de emociones positivas y negativas. La mayoría de cuidadores tienen la sensación de sentirse físicamente y emocionalmente atrapados, con sentimientos de culpabilidad. Cuidar a otra persona dependiente implica, tener presente al cuidador en el proceso del cuidado, la responsabilidad que tiene y el afecto que proporciona. Afecto y cuidar se entienden juntos en el proceso de atención a una persona dependiente; el primero lo proporciona, fundamentalmente, el cuidador principal, además de la red informal que le da ayuda (familia, vecinos, amigos,…); el segundo nos viene dado por la red formal que, en coordinación y de forma interdisciplinar proporciona los recursos sociales y sanitarios existentes en el momento, de forma individualizada. Sólo de esta forma se puede disminuir el sufrimiento del cuidador en la búsqueda de recursos que desconoce o que son de difícil acceso y coordinación. Leer más

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