Cuidar es una experiencia que puede reportar satisfacción personal y emocional, puede hacernos sentir útiles y necesarios y, como consecuencia, aumentar la visión positiva sobre nosotros mismos. Esto puede ocurrir cuando nos dedicamos a la atención de un familiar dependiente pero sólo en aquellos casos en los que el cuidador también se cuida.

Los cuidadores pueden experimentar periodos de estrés, ansiedad, depresión y frustración que hay que vigilar. Cuando esto sucede, pueden aparecer alteraciones físicas, emocionales y sociales, que llegan a desequilibrar muchos aspectos de nuestra vida. Es lo que se conoce como «Síndrome del Cuidador Quemado», según afirma la empresa de Sevilla Próxima Cuidados, especialista en asistencia a mayores.

enlace a la noticia

Print Friendly